19/01/2010

Capitulo 2 (II/III) ~ "Tienes que contar mi historia"

Crecí en un ambiente sano, una familia que, no sé si sea afortunada o desafortunadamente, era muy abierta. Muy ‘open mind’. No me educaron para cuando al crecer tener que casarme y tener hijos. Pero tampoco me hablaron de todas las opciones que hay. Pero crecí creyendo que yo elegiría mi camino, la vida que quería tener para mí.

De niño mi padre decía que yo estaba loco puesto que era muy diferente a los demás niños de mi edad. Me pasaba jugando solo, encerrado en mi habitación. Escuchando los discos que mi mamá me compraba, de esos discos de acetato enormes. Pero lo que más disfrutaba era bailar. Bailando era muy feliz. Desde muy corta edad soñé con hacerlo en grandes escenarios, que la gente me aplaudía y se volvía loca por mi baile.

En una ocasión que un hermano de mi papá y su familia fueron a visitarnos pasó algo curioso. Yo estaba en el estudio, un pequeño lugar de nuestra casa en donde estaba el aparato de sonido, soñando en ser el mejor bailarín del mundo. Con música a todo volumen yo hacía mis presentaciones frente a miles de espectadores imaginarios. Mientras yo bailaba, brincaba y daba giros mi mamá se acercó para prevenirme; mi tío, su esposa y mi primo Felipe, dos años menor que yo, estaban perplejos observándome. Mi pequeño primo entusiasmado quiso acercarse para bailar, pero mi tío lo detuvo en seco e hizo un gesto que me paralizó. No le agradó verme así. Lo digo porque lo escuche que le dijo a mi papá: “cuida mucho a Marquito, no se vaya a volver jotito”.

En ese momento no entendí el comentario. No sabía que significaba la palabra ‘jotito’, así que para nada me ofendió. Mucho tiempo después mi papá me recordó la escena, a él no le hizo gracia pero tampoco le tomó importancia, pero eso te lo voy a contar después.

¿Ese tío del que hablas tuvo algo que ver en tu decisión, en la elección de tu sexualidad? – le pregunté. “No. Al contrario. Él no interviene en esta historia hasta tiempo después, pero eso te lo contaré en otra ocasión”. – Me insistió.

Nunca tuve dudas de mi sexualidad. - continua Marco – De hecho nunca lo pensé. Yo quería ser bailarín profesional y punto. En la primaria participé en todos los festivales escolares que había. Ganaba concursos de baile en las fiestas a las que me llevaban mis papás. Me decían ‘el torbellino’, ¿Qué te parece?

Cuando llegué a la adolescencia me enamoré perdidamente de una compañera, Elizabeth. Pero Eli, como le decía de cariño, nunca me vio más que como su mejor amigo. Mis días en la secundaria pasaron lentos. Como ya todos sabían y yo no hacía nada por ser novio de Eli, mis compañeros comenzaron a decir cosas sobre mí, ahí volví a escuchar la palabra ‘joto’, pero no me ofendía porque aunque ya sabía su significado yo estaba seguro que no lo era. Ellos lo decían porque yo insistía en el baile y nunca me animé a decirle a Eli lo que sentía por ella. Quizás pensaban que para ser bailarín tienes que ser afeminado, cosa que no es totalmente cierta. Tal vez no me daba cuenta que lo era. Pero te repito, yo en ese tiempo no pensaba en si me gustaban los hombres o no, aún era muy chavito. Yo estaba enamorado de Eli, quería ser bailarín y punto.

¿Estás consciente de que ellos realmente creían que eras gay?, intervine. – “No me importa, yo creía que no era cierto” – Respondió.

(continua...)

1 Muerde la manzana:

Lic. Alfonso Salas dijo...

Me parece una narracion extraordinaria... espero los proximos capitulos con ansias...