Cuando cerró la puerta, comenzó a desvestirse. Yo traía puesto un short que él me prestó para dormir y estaba recostado en las cobijas. Pero mis nervios se incrementaron cuando se quedó en ropa interior y se acostó junto a mí. Con las luces apagadas, la habitación en silencio, se sentía una tensión muy fuerte. Pasaron varios minutos y nada. Ni un pequeño roce de codo con codo o de rodillas. Nada. Yo no me atrevía a dar el primer paso, deseaba hacerlo, pero estaba demasiado nervioso. Tembloroso. Hasta que por fin Érick posó su mano sobre mi vientre, abrazándome. Yo muy digno le pregunté porque lo hacía. Él sólo respondió que porque así lo sentía. Volteé para estar frente a él, lo miré unos segundos y lo besé en los labios. Y ahí recostados en esas cobijas, cubiertos por unas sábanas frías, tuve mi primer experiencia sexual con un hombre.
¿Él fue tu primer amor?, le pregunté, pero Marco como siempre me respondía: “Eres muy desesperado amigo, te voy a contar todo paso a paso”. En ese momento soltamos grandes carcajadas. Y después de reírnos como niños, seguí con mi cuestionario. ¿Qué pasó con Érick?, ¿Lo llegaste a amar?, “Lo quise mucho, pero ¿amar?, no estoy seguro. – Afirmó - Yo conocí el amor con Adán, quien aparece después”.
Érick y yo continuamos juntos porque pertenecíamos al grupo de jóvenes. Cuando terminé la preparatoria dejé de estudiar para dedicarme de lleno a mi pasión. El baile me traía sin vida. Seguíamos con presentaciones por todos lados. Invitaciones a muchos eventos culturales en Mazatlán y en pueblos vecinos. Nos divertíamos de verdad.
Con el paso de los meses la rutina, los ensayos, el vernos todos los días y mil situaciones, provocó que Érick y yo nos enfadáramos el uno del otro. Después de casi un año ya no nos veíamos con el mismo agrado que antes. Nos hartamos de vernos, de soportarnos y de tener relaciones sexuales casi a diario. El muchacho agradable, ocurrente y divertido, seguía siendo el payasito de las fiestas, pero sólo con los demás compañeros del grupo, porque conmigo era todo lo contrario. Cuando estábamos solos era distante, frío y grosero. Yo me portaba como si no me importara nada, me volví despectivo y me enojaba por todo, hasta porque había moscas volando en el aire. Terminé por dejar de ir a su casa y alejarme del grupo de baile.
¿En serio te alejaste?, ¿y tus sueños?, intervine. Se supone que lo que más anhelabas era bailar y en el grupo ‘Los chicos malos del barrio’ eras sumamente feliz porque estabas cumpliendo tus metas, hasta dejaste de estudiar por convertirte en el bailarín que siempre soñaste. ¿Cómo es que por tener mala relación con uno de tus compañeros detuviste tu crecimiento como artista, no pensaste en que tus deseos quedarían truncados?, es un poco contradictorio. ¿Qué paso después?
Mi historia con ‘Los chicos malos del barrio’ culminó de la manera más fría y estúpida que te puedas imaginar. Desaparecí. Nadie supo de mí en mucho tiempo. Como estaba tan deprimido volví a mi refugio: mi habitación. Insistía en que sólo ahí podría sanar aquello que me hacía daño. Pasaron varias semanas para que me decidiera a volver a salir a la calle o ir a visitar a mis amigos. En una ocasión cerca de mi casa cuando pasaba caminando por una calle, miré a lo lejos a una parejita súper divertida. Él sonreía mucho y ella se veía muy contenta. De pronto el chavo levantó a la chava en brazos y cargándola vaciló con dejarla caer. Aproximándome a ellos vi de cerca como disfrutaban ese momento, pero antes de que notaran que yo los veía, seguí de largo, aunque creo que si se dieron cuenta.
¿Él fue tu primer amor?, le pregunté, pero Marco como siempre me respondía: “Eres muy desesperado amigo, te voy a contar todo paso a paso”. En ese momento soltamos grandes carcajadas. Y después de reírnos como niños, seguí con mi cuestionario. ¿Qué pasó con Érick?, ¿Lo llegaste a amar?, “Lo quise mucho, pero ¿amar?, no estoy seguro. – Afirmó - Yo conocí el amor con Adán, quien aparece después”.
Érick y yo continuamos juntos porque pertenecíamos al grupo de jóvenes. Cuando terminé la preparatoria dejé de estudiar para dedicarme de lleno a mi pasión. El baile me traía sin vida. Seguíamos con presentaciones por todos lados. Invitaciones a muchos eventos culturales en Mazatlán y en pueblos vecinos. Nos divertíamos de verdad.
Con el paso de los meses la rutina, los ensayos, el vernos todos los días y mil situaciones, provocó que Érick y yo nos enfadáramos el uno del otro. Después de casi un año ya no nos veíamos con el mismo agrado que antes. Nos hartamos de vernos, de soportarnos y de tener relaciones sexuales casi a diario. El muchacho agradable, ocurrente y divertido, seguía siendo el payasito de las fiestas, pero sólo con los demás compañeros del grupo, porque conmigo era todo lo contrario. Cuando estábamos solos era distante, frío y grosero. Yo me portaba como si no me importara nada, me volví despectivo y me enojaba por todo, hasta porque había moscas volando en el aire. Terminé por dejar de ir a su casa y alejarme del grupo de baile.
¿En serio te alejaste?, ¿y tus sueños?, intervine. Se supone que lo que más anhelabas era bailar y en el grupo ‘Los chicos malos del barrio’ eras sumamente feliz porque estabas cumpliendo tus metas, hasta dejaste de estudiar por convertirte en el bailarín que siempre soñaste. ¿Cómo es que por tener mala relación con uno de tus compañeros detuviste tu crecimiento como artista, no pensaste en que tus deseos quedarían truncados?, es un poco contradictorio. ¿Qué paso después?
Mi historia con ‘Los chicos malos del barrio’ culminó de la manera más fría y estúpida que te puedas imaginar. Desaparecí. Nadie supo de mí en mucho tiempo. Como estaba tan deprimido volví a mi refugio: mi habitación. Insistía en que sólo ahí podría sanar aquello que me hacía daño. Pasaron varias semanas para que me decidiera a volver a salir a la calle o ir a visitar a mis amigos. En una ocasión cerca de mi casa cuando pasaba caminando por una calle, miré a lo lejos a una parejita súper divertida. Él sonreía mucho y ella se veía muy contenta. De pronto el chavo levantó a la chava en brazos y cargándola vaciló con dejarla caer. Aproximándome a ellos vi de cerca como disfrutaban ese momento, pero antes de que notaran que yo los veía, seguí de largo, aunque creo que si se dieron cuenta.
Días después volví a encontrármelos y los mire con gusto. Observaba todo el cariño que se daba el uno al otro y comencé a soñar con tener una relación sentimental así como ellos, no necesariamente con una mujer, pero si una relación parecida. Al verlos creía que ese era amor verdadero. Pero aún no sabía si eran novios o simplemente amigos.
(Continua...)
0 Muerde la manzana:
Publicar un comentario en la entrada