Ya más tranquilo, un tanto divertido, pero con un poco de pena le pregunté si tenía manera de comunicarse con Adán. Ella muy amablemente me dio el número de su celular. Le di las gracias y salí del establecimiento. Afuera tomé mi celular y marqué el número. No contestó. Sin embargo insistí tres ocasiones más. Al cabo de unos minutos por fin una voz masculina me respondió. Hola, buenos días, con Adán Leal por favor, insistí. “Sí, soy yo. ¿Quién habla?”, respondió un tanto despectivo. Habla Fernando Córdoba, soy un viejo amigo tuyo. Le dije. Algunas veces platiqué contigo en el parque del Centro Histórico y en un café frente al mar, ¿recuerdas?
Aunque al principio no me recordó, cuando le mencioné a Marco respondió un tanto frío y hermético: “Ah, sé quién eres. ¿Qué pasó?, ¿para que soy bueno?”. Le expliqué un poco acerca de lo que actualmente hacía, lo de la revista juvenil y como Marco me había buscado para platicarme su historia de amor. Le dije que para mí era importante saber su opinión y que quería hablarlo en persona con él. Que mi intención era tener una visión más amplia de lo sucedido y necesitaba ser lo más objetivo posible.
Al parecer no le agradó mucho la idea. Permaneció callado por varios segundos. Finalmente me contestó: “Mira flaco, no sé si sepas pero ahora tengo una nueva relación. Tenemos juntos un tiempo y estamos estables. No me gustaría hablar de algo del pasado que me traiga malos recuerdos, o decir algo que pueda lastimar a mi pareja actual. No creo que sea lo más conveniente publicar en una revista una historia que terminó hace tanto tiempo. ¿Acaso Marco no ha superado esa experiencia? Según él ya estaba bien. De verdad amigo, no tengo ni un mínimo interés en hablar sobre ese tema. Gracias, pero por respeto a mi pareja no lo puedo hacer”.
Nunca me esperé esa reacción. Desconocía que tuviese pareja, aunque era lógico. Después de que colgamos duré veinte o treinta minutos callado, inmerso en mis pensamientos. ¿Cómo le haré para que Adán se anime a platicar conmigo sobre Marco?
0 Muerde la manzana:
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