04/04/2010

Capítulo V ~ Primer encuentro, frente a frente (II/II)

Pero quedé perplejo cuando me habló de otra persona. Oscar, su ex novio, con quien tenía poco tiempo de romper, también había durado casi cuatro años de noviazgo. Si, andaba con los dos al mismo tiempo. Él aseguró haber querido mucho a Oscar, pero que nunca le perdonaría lo que le hizo, por eso decidió romper con él.

Cuando volvió a Mazatlán, Adán fue a mi casa para platicar en persona. Ya éramos amigos y nos contábamos todo. Estuvimos en mi recamara conversando durante varias horas. Debatimos acerca de lo que él pensaba de una relación amorosa entre dos hombres y como yo creía que debería ser. Durante la plática me confesó que Oscar lo había engañado con otro tipo. Y así había pasado. Pero ¿sabes por qué lo engañó?, porque Adán le puso el cuerno antes cuantas veces te puedas imaginar y con distinto hombre.

¿Adán te dijo que él engañó a Oscar primero?, cuestioné.

Por supuesto. Y no sólo eso. Me dijo que cada vez que le ponía el cuerno a Oscar, iba con él y le decía: que crees, ¿conoces a tal tipo?, me lo cogí ayer. Y Oscar nunca decía nada, sólo agachaba la mirada. Yo pensaba en Oscar y no comprendía porque nunca reclamó. En pleno debate con Adán acerca de que si era amor o no, yo defendí a Oscar, argumentando que era necesario que él le pusiera el cuerno para que a Adán le cayera el veinte. Nunca se dio cuenta de lo que tenía, hasta que lo perdió, y en ese entonces descubrió que la verdad, que lo amaba.

Adán resultó tremendo entonces, agregué. Pero conociéndolo, ¿continuaste con la conquista?

Tremendo y medio. No sólo engañaba a Oscar, también a Janeth con quien tenía planes de boda. Lo habían estado planeando desde años atrás. Adán no estaba convencido de casarse. Él quería seguir de gigoló. Y por eso precisamente intentó conocerme, después de aquel encuentro cerca del súper.

Adán insistía en que yo le había coqueteado, pero fue al revés. Adán sonríe de una manera especial. Conquista con la sonrisa. Es su arma de ligue. Por eso aseguro que él fue quien me coqueteó.

Esa misma tarde antes de que él se marchara, le confesé que quería ver la prótesis y si era posible la pierna. Él no titubeó, al contrario, me preguntó que si estaba seguro, a lo que yo respondí que sí. Tenía mucha curiosidad. El tomó mi mano y la puso en su pierna. Me decía que no tuviera pena y que le tocara. Después se desabrochó el pantalón y se lo bajó hasta los tobillos, así pude ver mejor. Fue impresionante. Claro que disimulé. Y ¿sabes lo que hice?, le pedí que se quitara la prótesis porque quería ver hasta donde llegaba su pierna. Se sentó sobre mi cama y se la quitó. Yo miraba atento. Toqué su pequeña pierna que llega hasta el área de la rodilla, me posé en cuclillas para observar detenidamente. Mis manos lo tocaban, pero mi mente estaba en blanco, perdida. Sentí mil sensaciones. Percibí su aroma, su textura, su calidez. No sé cómo explicarte, fue muy especial. En ese momento giré mi cabeza hacia arriba y nos miramos fijamente a los ojos. Fue algo muy íntimo y me sentí halagado por tener la confianza para poder hacerlo.

Después de un momento de silencio, observándolo y tocándolo aún, sonreí de una manera muy tierna. Él se sonrojó y sonrió nervioso. Se puso la prótesis y se subió el pantalón. Estábamos en silencio aún. Por último le pedí otra cosa. Un abrazo. Adán suspiró muy hondo, y yo… también.