Era domingo, medio día, el sol parecía brillar con nunca, así es que el calor era bastante cegador. Con ganas de no salir de mi casa. Pero tenía mi segunda cita con Adán, en su casa. Y ni modo. No puedo faltar. A trabajar.
Salí de mi casa con tiempo porque Adán vive lejos. En un fraccionamiento nuevo al sur de la ciudad que jamás había escuchado mencionar.
Cuando llegué al lugar, el transporte urbano me dejó lejos de la entrada, tuve que caminar seis cuadras y me perdí. No encontraba la calle. Llamé por teléfono para que fuera alguien a encontrarme. En menos de un minuto apareció Adán con su típica sonrisa casi de oreja a oreja. “¿Qué pasó flaco, andas perdido?, si es aquí a la vuelta”, me dijo. Y no pudimos contener la risa. Estaba perdido en la cuadra de atrás.
Caminamos menos de veinte pasos y llegamos a su casa. Me sorprendió que no estuviera Elmer. Según Adán tuvo cita con unas clientas pues hace trabajos de belleza a domicilio. “Y como está la situación… cuando cae chamba hay que hacerla, ¿o no, flaco?, además ahora si podemos hablar con más confianza”, apuntó.
Adán terminó de preparar la comida, según me dijo, era un platillo que le encantaba a Marco. Yakimeshi: arroz blanco con queso crema, camarones cocidos, aguacate, surimi y ajonjolí, acompañado de una salsa de soya con especias. “Sé cocinar porque cuando viví en Los Ángeles, además de aprender inglés, en la Junior High School tenía talleres de cocina, entre otras cosas. Así que nadie se ha quejado de mi buena mano”, me presumía orgulloso. Debo aceptar que el platillo era de lo más delicioso, con razón Marco estaba tan enamorado de él, pensaba.
Siguiendo con mi trágica historia, - decía irónico – te confieso que desde niño yo sabía que era gay. Siempre lo supe. No me llamaban la atención las niñas, eran muy lloronas. Y los niños son fuertes. Me gustaba jugar ‘luchitas’, sólo para poder tocarlos o rosar mi brazo en los suyos. Una anécdota graciosa es que cuando escuchaba la tonada de la canción ‘Sopa de caracol’ que cantaba un grupo tropical en aquel entonces, yo corría al espejo a bailar como las bailarinas que acompañaban a la agrupación y que yo había visto en programas de televisión. Sólo veía a mi papá que se ponía la mano en la cara, como diciendo “no puede ser”, pero a mí no me importaba, yo me volvía ‘la vichi’.
En mi barrio los niños se juntaban, hacían casitas de cartón y jugábamos a todo tipo de cosas. Cuando estábamos más grandecitos parecíamos muéganos. Todos contra todos. Tuve un despertar sexual muy prematuro. Con todos los niños de mi cuadra tuve algo que ver. Sobre todo con dos hermanos que viven en la esquina de la calle: Raúl y César. Con ellos tuve más sexo que con nadie de por ahí. A veces con uno, a veces con los dos al mismo tiempo, en otras ocasiones con algún otro vecino, pero al fin de cuentas a todos me cogí. La prótesis nunca fue un limitante. Nunca he dejado de hacer todo lo que se me ha antojado.
Cuando no quería venirme de Los Ángeles, además de que no quería estar con mis padres, y no me gustaba Mazatlán, era también porque estaba harto de los mismos tipos de mi cuadra, ya quería otras experiencias.
Y en Los Ángeles continué con mi desarrollo sexual con uno de mis primos. Aunque al parecer para él sólo era coger y ya. Yo sentía cosas que nunca logré con los chavos del barrio, de verdad.
Por eso y más no quería volver a México. Pero lo tuve que hacer, porque también pensaba que no había convivido con mis padres y hermano, y como mi mamá se había enfermado tiempo atrás, creí que era necesario estar con ellos.
Al principio fue muy difícil. Ya tenía tres años consecutivos en Los Ángeles y estaba acostumbrado a todo. Aquí en Mazatlán era distinto. Todo se me hacia horrible. Mis amigos de la infancia, los de la cuadra, habían crecido y a nadie se me antojaba hablarle. Yo lloraba en mi cuarto a solas porque me quería regresar desde los primeros días. Y al mes siguiente igual. En una ocasión mi papá me dijo muy enojado: “si no dejas de hablar en inglés no te voy a dejar ir a tu próxima cita a Los Ángeles”. Y me cayó el veinte. Dejé de ser grosero y de comportarme como extranjero.
(continúa...)
0 Muerde la manzana:
Publicar un comentario en la entrada