25/05/2011

Capítulo IX - Miedos, Truenes y Regresos (I/II)

Lograr convencer a Adán fue algo complicado, pero al estar conversando con él e ir conociendo su historia me fui imaginando por que Marco se enamoró de él tan rápido. Y como Adán también cayó redondito a los pies de Marco. Nunca imaginé que una relación de dos hombres fuese tan intensa, y eso que apenas comienza.

Pasaron los cinco días que Marco me había comentado. Al sexto me habló por celular para confirmarme la siguiente cita, en la cual le confesaría que he estado viendo a Adán y que ahora comprendo un poco más su historia.

Marco me citó en el mismo café de siempre, pero con la sorpresa de que nuestra plática no sería en el local, sino enfrente, sobre el malecón, sentados en alguna banca. Él quería sentir la brisa del mar, puesto que durante esos cinco días no veía ni la luz del sol.

Compramos nuestros respectivos cafés y nos sentamos frente al mar. “Que rico”, me decía constantemente. “Te lo juro Fer, ya necesitaba respirar y sentir en mi rostro este viento fresco… que delicia”, insistía.

De un momento a otro, entrados en la charla, le confesé que veía a Adán y que ya estaba platicándome su vida, pero Marco no se sorprendió, al contrario, me felicitó.

Te voy a contar que pasó después de ese abrazo cuando vi por primera vez la prótesis a Adán. – Iniciaba su relato – Iniciamos formalmente nuestra amistad. Aunque ya nos habíamos besado, aún faltaba mucho por conocer.

Nos hicimos amigos, pero en cada ocasión que nos veíamos nos abrazábamos y nos besábamos. Adán seguía con su novia, así que yo me convertí en el amante, por así decirlo.

Pasaron unos meses y un día Adán me dijo seriamente que iba a dejar a Janeth. Yo me sorprendí bastante y le dije que no lo hiciera. Ya antes había notado que Adán era muy cariñoso conmigo y estaba seguro de que se estaba enamorando de mí, pero yo aún no. Lo quería, pero no estaba seguro de poder amarlo. Era más bien como el mejor amigo que te abraza, te besa y que puedes tocar a la hora que se te antoje, pero amarlo… no estaba tan seguro.

Marco, – interrumpí - ¿quién te entiende? ¿Por qué no dejaste que Adán terminara a Janeth si él ya te quería? ¿No te interesaba tener pareja?

Te repito Fer. Yo nunca soñé con tener a alguien a mi lado, yo sólo quería bailar. Necesitaba tener cariño de pareja, pero no lo veo como prioridad.

Yo estaba seguro de que Adán ya sentía algo fuerte por mí. Sus cariños eran distintos, era muy pasional en todo. Su mirada me decía mil cosas. Él estaba enamorándose de mí. Pero insistía en terminar su larga relación con la novia. Días después lo hizo.

Un día Adán me citó en el parque de siempre y me confirmó la noticia. Hablamos de muchos temas, sobre el futuro, de nuestros sueños, de lo que sentíamos por el otro. Y con la plática entendí que realmente lo que yo sentía era temor. Tenía miedo de enamorarme de él. Sentía que no era el hombre que Adán necesitaba a su lado. Alguien que de verdad lo amara sin limitaciones y con la misma intensidad con la que él amaba, y se lo dije.

Y él ¿cómo reaccionó? – pregunte de nuevo.

Él me respondió que no había dejado a Janeth por mí. Que lo había hecho porque ya estaba harto de mentir. Él necesitaba ser lo que él era. Necesitaba gritarle al mundo que era gay y que amaba a un hombre. Y yo temí más. Yo aún no estaba preparado. Tenía muy poca experiencia en relaciones amorosas y aún no cumplía mi sueño de ser el gran bailarín, así es que corte la relación. Ya no quise seguir. Me dio miedo amarlo.

 

(Continúa...)