Bajo Sospecha
Autor: Yonshesko Blandela
23 Charco de lodo
A la siguiente mañana dieron de alta a don Chepe, el chofer de los Domínguez. Juana, la sirvienta, fue en taxi por él al hospital y a pesar de que su compañera le decía cosas graciosas, el anciano se notaba cabizbajo y callado.
— Vamos, don Chepito. No esté triste que se me pega. Yo sé que no quiere volver a la casa, yo estoy en las mismas, pero necesitamos el trabajo y con lo difícil que es conseguir uno en estos tiempos. ¡Venga, ánimo!
El anciano miraba hacia el asiento delantero. El taxista miraba por el espejo la escena sin siquiera pestañear.
— Yo sé, yo sé… — Insistió Juana. — tenemos que callar. Y créame que no le he dicho nada al abogado ese… pero pues también necesitamos que alguien nos ayude. Mire, usted tiene a sus hijos, aunque su vieja no se los deje ver; y yo tengo a mis viejos en el pueblo que tienen más necesidades que yo. No quiero arriesgar mi pellejo por andar de parlanchina.
El chofer del taxi escuchaba atento, apenas si miraba hacia el lugar al cual se dirigía.
— ¡Se lo juro! Yo solo obedecí órdenes, pero la verdad es que el chistesito se les salió de las manos…
— Ya cállese, Juana. — Al fin habló don Chepe, un poco tembloroso. — Ya tenemos los pies llenos de lodo, ¿quiere estar hasta el fondo del charco?
El taxista peló los ojos. El auto se detuvo en un semáforo en rojo. Un trapo sucio mojado se estrelló contra el cristal, logrando que el chofer se espantara y volviera a la realidad.
El semáforo se puso en verde, pero joven el limpia vidrios no acababa aún su labor. Los claxon de los coches vecinos no se hicieron esperar.
— ¡Apúrate, chamaco! — Gritó el taxista al joven.
— ¡Ya voy, ya voy!
→ Bajo Sospecha. Se publicó del 21 de septiembre al 11 de diciembre de 2015, de lunes a viernes, en el periódico Primera Hora de Sinaloa, de Editorial Noroeste.
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